Ya puedo ver House. Sí. Digo "ya puedo" porque mi hipocondria me impide ver NADA que tenga relación con médicos, hospitales, enfermedades y cilicios parecidos con los que se atiza el personal. Pero House ya puedo. De aquella manera, bien es verdad (tapándome los ojos cuando aparecen vísceras, tripas y sangre), pero puedo.No tengo intención de criticar la serie que, en mi opinión, es un tanto irregular y algo previsible: la estructura es siempre igual y las historias personales que fluyen bajo la historia de cada episodio son un poco huecas (excepto la del propio House, creo yo).
Aun así, me hace gracia. Ese punto cabroncete, ese halo antisocial, esa máscara que esconde (?¿) sentimientos molan. La verdad es que mola. Cuántas veces he querido ser un House cualquiera y mandar a tomar por culo todo y a todos, sin consecuencias. House es mordaz, irónico y, como todo sincero extremo, algo egoísta. Pero mola, coño. Los demás refuerzan su carácter, porque en vez de despedirlo, mandarlo a la mierda o retirarle la palabra le siguen queriendo y admirando, y pretenden, con una gran dosis de ingenuidad y un puntito de bondad simplona yanqui, atraerlo al rebaño de las imprescindibles (?¿) convenciones sociales.
Ainnsssss!, si yo fuera House. El lunes en el curro temblaban hasta los cimientos.
Pues eso, ¡todos a tomar por culo!

3 comentarios:
House es Dios
:-D
Besitos!
felicidades por engancharte a la serie. de acuerdo con lo que dices sobre ella, pero qué más da, el que mola es el cabrón de House.
Sí, es Dios!
La verdad es que los hijos de puta molan mucho en la ficción, yo estoy hasta los huevos de los "House" de la vida real. Tengo millones rodeándome a diario.
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