domingo 18 de noviembre de 2007

Ruth


Noto que Ruth se mueve en la cama y me despierto. No necesito abrir los ojos para saber que se marcha. Escucho cómo sube la cremallera de su pantalón, la misma por la que unas horas antes deslizaba mis manos. Ahora, en silencio, caigo en la cuenta de lo excitante de ese sonido: me suena a fruta fresca crujiendo en su boca, y todo lo que me recuerda a su boca me excita. Después se abrocha la blusa perdiendo sus dedos entre los ojales, como tejiendo una coraza de seda. Si me esfuerzo, puedo oír las chispas de electricidad estática que saltan de la tela de la camisa, como luciérnagas en fiesta. Bebe un poquito de agua del vaso que por la noche deja en la mesilla. Siempre lo hace.
Qué estará haciendo en este instante; no escucho nada. Un golpe seco contra el suelo aviva mi imaginación: creo que se le ha caído el reloj cuando intentaba ponérselo a oscuras. No es muy hábil con las manos. Tiene unas manos grandes, casi de campesina, que maneja con torpeza honesta. Su tacto es algo rugoso, pero no duele. Cuando me toca es como si me recorriera el cuerpo con las púas flexibles de un peine. Me hace cosquillitas en la piel. Otro silencio. Su respiración se agita un poco. Seguro que me está mirando para descubrir si el ruido me ha despertado. El ritual termina con unas gotas de perfume. Siempre le digo que huele a flores y a hierba recién cortada.
Siento que soy una cometa mecida por un viento suave, atada a su mano poderosa. Y miro a Ruth desde el cielo, y noto que se me llena el pecho de aire, y respiro su olor a hierba, y pienso otra vez en su boca, y en el sonido de la cremallera de su pantalón, y en las chispas de electricidad estática de su blusa.
Ya se marcha. Me revuelvo en la cama y emito un gemido tenue, como de sueño placentero, para llamar su atención. Ella se queda quieta y, aunque no lo veo, sé que sonríe. Las primeras veces no soportaba la separación; siempre pensaba que no iba a volver. Habíamos iniciado una relación sin cadenas ni pasados; sin prisas ni pausas; sin amigos ni cenas para cuatro. Nos bastamos Ruth y yo. Todavía hoy siento en el estómago un pinchazo agudo y el vértigo de hacer equilibrismo en un alambre, quizá herencia de otras relaciones que terminaron sin más. Y no me quedo tranquilo hasta que reconozco el rotulador arañando la nota que me deja todos los días, sin fallar ni uno. “Te quiero”. “Vuelvo pronto”. “Voy a echarte de menos”. “Qué guapo estás cuando duermes”…
Me da un beso en la frente y deja sus deseos de papel sobre la mesilla. Cierra la puerta con cuidado, y me invaden el sopor y la calma. Me doy la vuelta y abrazo su almohada. Hoy no voy a trabajar.
(La fotografía es de Sauria)

sábado 10 de noviembre de 2007

Sobre el velo

Hace unos días apareció en los medios una noticia en la que se contaba que un colegio de Ceuta tuvo que readmitir a dos alumnas expulsadas por llevar hiyab, el velo que usan las musulmanas desde que son adolescentes.
El centro aplicó un reglamento interno por el cual se prohibía esta prenda y otras (gorras, pañuelos...). Por su parte, el Ministerio de Educación obligó al colegio a readmitir a las niñas, porque entendía que el derecho a la educación está por encima del reglamento interno de ese centro.
Ni que decir tiene que a raíz de la noticia se creó una polémica formidable acerca de la libertad individual, la convivencia, la tradición, la libertad religiosa, etc. No tengo yo una solución tajante a este entuerto, pero sí algunas reflexiones en torno al velo o cualquier otro signo religioso y su "uso" en un espacio público de convivencia como es la escuela:
  1. En primer lugar, no me parece este debate algo tan simple como lo que dicen algunos: "La niña es libre, que lleve lo que quiera porque no hace mal a nadie". Bueno, la niña es niña, y seguramente (como hemos hecho otros hasta que tomamos decisiones por nosotros mismos), seguirá las costumbres y creencias de sus padres.
  2. Dos, el pañuelo no es un mero adorno. Es una prenda con un significado religioso que SÓLO (y esto trascendental) deben llevar las mujeres. De fondo, el significado de obediencia y de decencia sexual, características supuestamente "propias" de mujeres.
  3. Y tres, los espacios públicos (y más aún la educación) han de ser espacios de convivencia y respeto. ¿Os imagináis que un colegio público obligara a rezar el rosario a sus alumnos una vez por semana o, por poner un ejemplo real, que obligase a los hindúes a comer carne de vaca en sus menús?
En fin, reconozco que el tema tiene tela y que hay demasiadas implicaciones que no pueden despacharse en unas pocas líneas. A mí me iluminaron mucho estas reflexiones de Amelia Varcárcel en un artículo de opinión. Quizá a vosotras y vosotros también.

lunes 5 de noviembre de 2007

La curiosidad

"Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo", Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias 2007.

Amos Oz es el último Príncipe de Asturias de las Letras. Es considerado como uno de los más importantes escritores contemporáneos en hebreo. Premio Israel de Literatura en 1988; Premio Goethe de Literatura en 2005 por su libro autobiográfico Una historia de amor y oscuridad y candidato varios años consecutivos al Premio Nobel de Literatura. Fue uno de los fundadores del movimiento pacifista israelí Shalom Ajshav ("Paz Ahora").
Fuente: Wikipedia

El discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias es una belleza. En él, Amos Oz hace un canto a la esperanza y a la fe en la literatura como puente entre los pueblos. Os lo transcribo íntegro para que lo disfrutéis.

DISCURSO DE AMOS OZ
(26/10/2007)

Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.
Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.
Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.

Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.
Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.
Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.
Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.
Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío.
Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor.
Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogroms y los nazis.
Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro-israelíes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.
La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.
Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza.
No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz.
Quiero agradecer a los miembros del jurado del Premio Príncipe de Asturias queme hayan otorgado este maravilloso premio. Muchas gracias y mis mejores deseos a todos ustedes.

Shalom u-brajá.

La foto de la mujer asomada a la ventana es de Supmarilore

jueves 1 de noviembre de 2007

De lo nuevo y lo viejo

















Me obsesiona el tiempo. A todos nos obsesiona. Me preocupa perderlo, malgastarlo o no tener suficiente. Pienso ahora que quizá debería haber pasado más tiempo contigo y a lo mejor menos con otras personas. Pero es que, al final, el tiempo es un balance de resultado cero: sumas en un lado pero restas en el otro.
Hoy no puedo es una de esas expresiones que inexorablemente está ligada al tiempo (y, a su vez, el paso del tiempo es inexorable: no se puede evitar) . ¿Cuántas veces le hemos dicho a alguien "no puedo" queriendo decir "no quiero"? ¿Cuántas veces un "no puedo" es de verdad una imposibilidad y no pereza, desgana o hastío?
Este blog nace (renace) con la intención de ser fiel al compromiso de escribir una entrada semanal (¡tengo que poder!). Mi intención es renovar el diseño de mi primer blog (No me lo creo) que en unos días desaparecerá, pero también pretendo ampliar las cosas de las que hablo, hacerlas más personales y a la vez más abiertas, para que participe todo aquel que quiera decir algo, todo aquel que quiera compartir un ratito de su tiempo.
Pretendo también compartir con los lectores y las lectoras ilustraciones y fotografías de cualquiera de vosotros, y evitar así tener que surfear por la red en busca de imágenes que rapiñar. Me gustaría mucho que enviarais vuestras creaciones a este correo electrónico:

Por cierto, las ilustraciones de la cabecera son de un artista excelente: Tomás Hijo. Os recomiendo que visitéis su blog y su blog visual.