Se juró por su vida no coger el teléfono si él llamaba. Para mayor convencimiento, realizó el exorcismo de la santera. Cogió una foto de él y se la introdujo en la boca, masticándola muy despacio. Después, regurgitó la bola de papel y la puso en la urna con las cenizas de la abuela. “Los muertos han de estar con los muertos”. Y quizá fue este segundo paso, no previsto en el ritual, improvisado para mayor gloria de su despecho, lo que falló. Porque él llamó; y ella respondió a su llamada. Y ahora iba a reunirse con él, armada con una cruz de Caravaca en un bolsillo y un frasco de agua bendita en el otro. Antes de salir recogió un cuchillo de la cocina. “Este espíritu es muy resistente”, pensó.
La foto es de Yaroslavna Nozdrina


7 comentarios:
Hay espíritus que están predestinados a perseguirnos para siempre, brrrr, espero que consiguiera librarse de él. Abrazos.
Tienes razón, hay algunos que se resisten lo indecible...
Besicos
Quizás un cuchillo sea poco contundente. Yo hubiera cogido un hacha. Por si acaso.
A veces nos invaden fantasmas del pasado...Y no sé yo si el cuchillo sirve :P
Besos macabros
Mía
Me da miedo tu entrada. Sobre todo porque juraría que había dejado un comentario hace tiempo y no lo veo. Espero que ningún fantasma lo haya pasado por su cuchillo.
;-)
Excelente tu escrito
a veces, cuando no soportamos el hecho de no ser capaces de ser íntegros, enloquecemos, y entonces puede pasar cualquier cosa, incluso convertirnos en asesinos.
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