lunes, 30 de diciembre de 2013

Construir y destruir

TV Is Not King by Manafon


Será por las fechas en las que estamos, o quizá por el vértigo que produce ver cómo termina un año, o a lo mejor por las ilusiones y esperanzas que ponemos en 2014. Será por todo eso que es ahora cuando toca hacer balance, y proponerse retos, y fijarse metas, y mirar hacia delante. Porque junto con la nostalgia de lo que se fue y con las punzadas de las cicatrices que han dejado los que marcharon, no hay nada más humano que mirar al futuro, que pensar en lo que vendrá, que soñar con algo mejor. 

El año 2013 ha sido para mí un año especial: reencuentros y encuentros, un nuevo trabajo en una hermosa ciudad, compañeros y compañeras excepcionales en la Universidad Loyola Andalucía, la confianza de la editorial Talentura en los relatos de Hoy no puedo, la amistad de Manu Espada, el talento de Laura Ochoa, el aliento de mis amigos, el cariño de mis exalumnos y exalumnas… A veces me da miedo repetir mucho todas estas cosas, por si se rompe la magia.

Para 2014 no me conformo: quiero más. Quiero más risas, quiero más literatura, quiero más mar, quiero más sol, quiero más música, quiero más paz, quiero más igualdad, quiero más respeto, quiero más paciencia, quiero más futuro

Dice Muñoz Molina en Todo lo que era sólido (un acertadísimo análisis de las causas que nos han llevado a esta crisis) que es mucho más fácil destruir que construir. Él se refiere a lo sencillo que es cargarse de un plumazo todo lo material e inmaterial conseguido a lo largo de los años con mucho esfuerzo, explica cómo se aniquila en minutos la cultura del consenso, la convivencia o la solidaridad. Yo hago mía esta idea de “siempre construir”. Quizá es que a los que amamos la palabra, a los que escribimos no nos queda otra porque, jugando con los famosos versos de Gabriel Celaya, “la literatura es un arma cargada de futuro”.

Os espero en 2014.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Pues a mí me gusta la Navidad

christmas mug by Sho Shibata

Lo he estado pensando fríamente y he llegado a esta conclusión: a mí me gusta la Navidad.
Y mira que hay elementos objetivos en contra: el consumo desbordado, las campañas navideñas desde octubre, los excesos en las comidas, el frío, el anuncio de la lotería (¿os ha tocado?), las reuniones familiares multitudinarias, los niños que lloran, los petardos, los cotillones, la gente que sufre bajo las luces de un hipermercado, los que duermen en los cajeros y, sobre todo, la falta de aquellas personas que echamos de menos.
No creo que haya nada más humano que echar de menos, que nos duelan las ausencias. A veces son ausencias irremediables. Otras, motivadas por la distancia. Todos tenemos a alguien a quien echamos de menos.
A mí me sucede que en Navidad esas personas que no están y que formaron parte de otras navidades, estas sí, muy felices, se me hacen más presentes que nunca y, junto con el desgarro de su falta tengo un sentimiento más poderoso aún de presencia, de que están conmigo en la distancia. Y me gusta sentir ese calorcito que desprenden los fantasmas buenos que se unen a la fiesta unos días de diciembre.
Así que sí, a mí me gusta la Navidad
¡Feliz Navidad para todo el mundo!

domingo, 15 de diciembre de 2013

Presentación de Hoy no puedo en Madrid


Última parada de Hoy no puedo en 2013: Madrid. El sábado pasamos un buen rato con amigos y amigas, lectoras y lectores. 



Esta vez funcionó todo a la perfección, sonido incluido ;) Con la visita del libro a Madrid (después de Sevilla y Salamanca) cerramos las presentaciones. Ahora no queda más que daros las gracias y desear que disfrutéis con su lectura.



Y si os ha gustado... ya sabéis: REGALADLO

lunes, 2 de diciembre de 2013

El miedo al folio en blanco



Lo de encontrarse cara a cara con el folio en blanco no es miedo… es terror
Seguro que os ha pasado alguna vez. Ya sabéis: os sentáis delante del ordenador y tratáis de encontrar un hilo del que tirar. Si tienes alguna idea previa, estupendo, es un comienzo, pero si empiezas el viaje creador sin nada… Es el fin. Ves pasar los minutos, las horas, y has apuntado algunas cosas que rechazas sistemáticamente: “muy manido”, “demasiado complejo”, “demasiado simple”, “poco concreto”, “no, esto no es lo que busco”, “¿pero esto no es una peli?, “hoy no estoy inspirado”…
En mi caso (y en el de otros muchos), el tiempo para escribir (la ausencia de él, más bien) es un grave problema. El común de los mortales no somos escritores de profesión: tenemos que trabajar, atender a una familia, a los amigos… Por eso es especialmente traumático el tiempo que ¿perdemos? delante de la pantalla, esperando que aparezca el chispazo que nos lleve a un relato o, al menos, que nos conduzca a montar el andamiaje endeble en el que, poco a poco, construiremos nuestra historia.
Por eso, por la falta de tiempo, no suelo sentarme a escribir si no he rumiado antes alguna idea. Suelo contar que la ducha, el tiempo del afeitado (cuánto me aburre, por cierto) o cuando salgo a correr son los momentos en los que mi cabeza va buscando esa idea que luego podré trabajar.
Me han preguntado últimamente en las presentaciones de Hoy no puedo en Sevilla y Salamanca que de dónde surgen mis ideas, que si tienen que ver con cosas que me han sucedido en la vida corporal (me niego a llamarla vida real). La verdad es que no, normalmente no. ¿Queréis que os cuente cómo surgieron los siete relatos de Hoy no puedo? No destrozaré ninguno, prometido.
Vale, pues comienzo hoy la serie que iré avanzando en este blog. Empecemos por el primero: “El miedo no existe”.
Primero vino el título (a veces pasa). Mi querida Laura Ochoa (la que ha hecho la portada) tiene un blog que se llama “Los monstruos no existen”. La relación entre los títulos es obvia. Yo estaba obsesionado con hablar sobre el miedo, pero necesitaba aterrizar en algo concreto. Curiosamente, a la hora de escribir este relato tenía muy, muy claro dónde quería situarlo (esto no es lo habitual): en una casa rural que se parece mucho a una que visité hace tiempo en un lugar precioso de Galicia, en plenos cañones del Sil. Ya tenemos dos ingredientes: el qué y el dónde. También tenía claro que quería que el “quién”, la protagonista, fuese una mujer, una mujer valiente, sin miedo a nada (los cuentos populares ya han hablado durante siglos de hombres valerosos… cambiemos los papeles, ¿no?). Pues con esos elementos (no cuento más) surgió “El miedo no existe”.
¿Ya lo habéis leído? ¿Os ha gustado? ¡Contadnos!
P.D.: Mola el vídeo que he puesto arriba. Reproducidlo, ya veréis.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Presentación en Salamanca

El sábado presentamos Hoy no puedo en la Librería Hydria de Salamanca. Una vez más, miles de gracias a la gente que a la presentación. ¡Casi 100 personas llenaron la librería!


Tuvimos algunas sorpresas, actores y actrices (gracias, gracias, gracias) y firmamos un montón de libros. De verdad DE LA BUENA: ojalá que os guste el libro.

Próxima parada: Madrid, 14 de diciembre. Os iremos anunciando la hora y el lugar en nuestra página de Facebook y en nuestro Twitter. ¡Y fotos en nuestro Instagram!

Y si os gusta el libro, hablad de él. Recomendadlo, regaladlo... difundidlo. ¡Gracias!

lunes, 18 de noviembre de 2013

Un buen final

Ahora que muchos de vosotros y vosotras ya habéis empezado a leer Hoy no puedo (gracias, gracias, gracias), me hacéis llegar algunas preguntas sobre los relatos del libro. En ocasiones, vuestros comentarios tienen que ver con vuestros gustos: cuál es el relato que os ha hecho más tilín, qué personaje es más odioso, cuál es adorable… Pero la mayoría de las veces me preguntáis por el final, por cómo terminan, os inquieta saber por qué he acabado de esa forma y no de otra, o qué pasaría después, en el supuesto de que continuásemos con la historia.

Cerrar una historia (corta o larga) es, quizá, una de las tareas más arduas a las que se enfrenta un escritor. Sirvan como ejemplo dos series de televisión mundialmente reconocidas, cuyo final no ha estado exento de polémica: Los Soprano y Perdidos. Por supuesto, los guiones de las series que acabo de citar son grandísimos puzzles narrativos, pues han creado un universo propio tan complejo, con tantos personajes, tramas y subtramas que acertar con un buen final es dificilísimo, pero con un final que además contente a todo el mundo es algo imposible.

En el caso de relatos más o menos breves, la tarea es más modesta pero igual de exigente. Revisando los finales de los relatos de Hoy no puedo he repensado en el proceso que me llevó a terminar cada uno de ellos en ese punto y no en otro. (Tranquilos, que NO arruinaré ningún final. Podéis seguir leyendo estos comentarios). Me he dado cuenta ahora, escribiendo esta entrada de blog, que los “tipos” de finales que tienen los siete relatos son muy diferentes entre sí. Por ejemplo, en El miedo no existe hay un final como tal, pero deja abierto el misterio (¿o no?). El nivel 3 permite que sea la imaginación (¿calenturienta?) de lectores y lectoras la que “complete” el final. Hoy no puedo y Acuda a su caja son dos relatos más clásicos desde el punto de vista de la estructura, porque terminan con un final cerrado, exento de interpretaciones. Ya he explicado en otras ocasiones que Las pastillas rojas del doctor Gacitúa es, quizá, el relato más difícil del libro. Quizá lo sea porque también es en el que hay una atmósfera más onírica, con ciertos simbolismos. En su caso, el final da pistas para entender todo el relato y, aquí sí, es clave la participación de lectores y lectoras, que tienen que ir atando cabos y, por qué no, dando sus propias explicaciones de qué ha ocurrido (por cierto, quiero vuestras interpretaciones: enviad un correo, dejadnos un comentario aquí o en nuestra página de Facebook). En lo que se refiere al final de El robo de la piscina, podríamos decir que nos vuelve a enviar a la “casilla de salida”. Y hasta ahí puedo leer para no descubrir nada. Por último, Pájaros tiene una estructura muy bonita, con un final abierto: los dos personajes principales discurren en paralelo a lo largo de la historia, para terminar encontrándose… de aquella manera.
Los finales abiertos (o no cerrados del todo) son, desde mi punto de vista, una buena forma de relacionarse activamente con tus lectores. En ocasiones sucede que, simplemente, no puede haber un final porque, en aras de la verosimilitud de la historia, no existe ese final perfecto que, a veces, nos empeñamos tozudamente en buscar. Sobre los finales abiertos dice esto Jesús Pérez Sáiz: 

Un final abierto significa —para los personajes, y probablemente para el autor o autora— una actitud de pacto, aceptación de las limitaciones y búsqueda de soluciones fuera del cuento. Al lector de cuentos abiertos no se le ofrece una historia terminada, sino el fragmento de una historia inconclusa, que los protagonistas no saben o no pueden resolver en el interior del cuento. La indefinición obliga al lector a adoptar una actitud de búsqueda de soluciones fuera del cuento, en la vida real, le obliga a pensar en lo que ha leído y en los porqués, en sus significados... La vida no está hecha de líneas blancas y negras: los cuentos de final abierto exploran las posibilidades de los matices y los tonos grises.


Yo en este momento me enfrento a la incertidumbre de cómo cerrar esta entrada del blog. Cómo terminar de forma coherente con todo lo que he escrito hasta hora. Y, la verdad, no se me ocurre. :)

domingo, 10 de noviembre de 2013

Hoy no puedo en Sevilla

Ayer presentamos Hoy no puedo en Sevilla. Pasamos un rato muuyyy divertido en La mercería café cultural. El maestro de ceremonias fue mi amigo y escritor Manu Espada (de los que salen en la foto, el guapo).



Lo pasamos muy bien. Hubo sorpresas, visitas inesperadas...


Firmamos algunos ejemplares...



Pero, sobre todo, muchos amigos. ¡Gracias a todos! Y no lo olvidéis: la siguiente será en Salamanca, en la Librería Hydria, el día 23 de noviembre a las 19.30.



jueves, 7 de noviembre de 2013

Presentación en Sevilla



Este sábado 9 de noviembre presentaremos Hoy no puedo en sociedad. Será a las 20.00 en un sitio muy chulo: La mercería café cultural, en la calle Regina 10 (detrás de las setas). la entrada es libre y estáis todos invitados

La presentación la ha ideado y la dirigirá mi amigo Manu Espada. Manu es un escritor excepcional. Trabaja como guionista de televisión y ha preparado una presentación "diferente", divertida... ¡y con guion! (no habrá tres tipos detrás de una mesa diciendo cosas sesudas de un libro, eso seguro). 

En fin, que si podéis pasaros y os apetece estaremos encantados de compartir un rato del sábado por la tarde con vosotros. Os recordamos que el 23 de noviembre habrá presentación en Salamanca (en la librería Hydria, a las 19.30) y el 14 de diciembre en Madrid (ya os anunciaremos la hora y el lugar).

Para los que estáis lejos o no podéis asistir, habrá fotos en nuestro Instagram.



domingo, 3 de noviembre de 2013

Gracias


Hace unos meses os anuncié que la editorial Talentura publicaría mi primer libro de relatos: Hoy no puedo. En estos meses he ido interactuando con algunos de vosotros (cada vez somos más, por cierto) a través de las redes sociales (Facebook, Twitter). Os he contado de qué van los relatos, cómo se han gestado, quién hizo esa portada tan chula y he compartido algunos de mis pensamientos sobre el proceso creativo y la aventura (maravillosa) de crear.  

Pues bien: el martes 5 de noviembre el libro estará disponible, y lo único que se me ocurre decir en este momento es GRACIAS. Gracias a Talentura por confiar en mí, gracias a todas y todos vosotros por los mensajes cariñosos, por alentarme a seguir escribiendo y por vuestra fe ciega sin haberme leído todavía.

Ahora espero devolveros parte de ese cariño. Deseo que disfrutéis mucho con los relatos. Mi intención es mantener este blog en el que podemos seguir hablando, esta vez con el libro sobre la mesa. Vuestros comentarios serán bienvenidos. 

Para todas las personas que me preguntáis cómo adquirir el libro, tenéis respuesta aquí: Dónde encontrar Hoy no puedo.

Me atrevo a pediros una cosa más: si el libro os gusta, recomendadlo, regaladlo, contadlo en las redes sociales (solo si os gusta, ¿eh?).

jueves, 31 de octubre de 2013

El detector de mentiras

Looking for 9 Volts by Wijnand Loven on 500px.com
Looking for 9 Volts by Wijnand Loven

El funcionario ajustó las correas a su brazo derecho y colocó los electrodos en su pecho, a la altura del corazón. 

—Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.  

—Sí, lo juro. 

Entonces la máquina comenzó a pitar, con su chillido estridente.

lunes, 28 de octubre de 2013

Escribir es un oficio

Master and servant by Katalin Gerencsér on 500px.com
Master and servant by Katalin Gerencsér

“Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho o una vocación imaginaria. Pero el sueño, el deseo, el capricho, no llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio”. 

Con estas palabras comenzó el escritor Antonio Muñoz Molina su discurso en la entrega de los premios Príncipe de Asturias 2013. No sé si habéis tenido oportunidad de escucharlo o leerlo completo: a mí, personalmente, me emocionó. Me pareció de una gran belleza (y de una gran decencia también). 

Dijo muchas cosas interesantes, pero sus primeras palabras no pueden ser más acertadas. Seguro que muchos/as de vosotros/as habéis escrito en algún momento de vuestras vidas; es posible, incluso, que continuéis haciéndolo. En todos los casos (en el mío, desde luego) nuestros primeros balbuceos literarios fueron un sueño, un deseo de trascender. Pero (y ahí Muñoz Molina da en la clave) para perdurar la vocación se tiene que transformar en oficio. Y desempeñar un oficio exige un esfuerzo sostenido, una dedicación inefable, una práctica dolorosa y sublime a la vez.  

¿Sabéis una cosa? Ahora que está a punto de salir Hoy no puedo (está en imprenta, así que esta semana o la siguiente, a lo sumo, estará disponible) tengo sentimientos encontrados. Por un lado, una gran orgullo y un deseo enorme de, como dice el escritor de Jaén, satisfacer una de las necesidades humanas más intangibles, aunque también una de las más universales: la de saber historias y la de contarlas. Suelo decir que si mis relatos consiguen que alguien disfrute unos minutos, que olvide sus problemas, que se identifique o proyecte sus deseos en algún personaje, ese instante, solo ese instante, habrá merecido la pena. Por otro lado, ya os lo conté en otro momento, siento el vértigo del juicio público porque (también lo dice Muñoz Molina) en este bendito oficio no hay garantías: ni la experiencia, ni la entrega, ni el cariño puesto en contar una historia.

Ahora trato de dar el paso más difícil: escribir el segundo libro de relatos cuando todavía no se ha publicado el primero. He querido sentarme en mi banco de carpintero, coger ese tronco informe e imaginar que dentro se esconde una figura que, quizá, solo quizá, puede ser más bella que la anterior. Os dejo, que tengo que retirarme a la tarea, a desempeñar mi oficio. Trataré de seguir los consejos de Muñoz Molina:

"Escribir sin concederse la menor indulgencia. Escribir aceptando y disfrutando la soledad…".

jueves, 24 de octubre de 2013

Atrapar una sombra

Frescoes by Roberto Pireddu


El día que se dejó quemar la comida no se preocupó: un despiste lo tiene cualquiera. Tampoco le dio importancia al hecho de que no recordarse la fecha del óbito de su marido. ¡Fue hace tanto tiempo! Que no reconociese la voz de su hijo al otro lado del teléfono no era nada extraordinario, porque los años no pasan en balde y no oye bien de un oído. 

Lo que realmente hizo que se pusiera en alerta fue la sombra. Una mañana creyó ver a alguien en la casa. Apenas una sombra que pasó por delante de ella. Agarró una escoba, se armó de valor y recorrió las habitaciones; pero no halló nada. Muchas veces después de esa sintió su presencia fugaz, y en cada ocasión se afanaba, sin éxito, en encontrarla. Un día, incluso, vació todos los armarios para comprobar si se ocultaba tras las maletas, los abrigos o las sábanas planchadas

Ahora se pregunta si esa mujer con la cara arrugada y los labios mal pintados de carmín que la mira fijamente es la sombra que busca. “Eres muy escurridiza”, le dice en voz alta. Y la otra mujer, como burlándose, le repite las mismas palabras. Apaga la luz y sale ágil del cuarto de baño para interceptarla en su huida. Una vez más, la sombra escapa.  

Pero ella no va a parar hasta atraparla.

lunes, 21 de octubre de 2013

Los personajes secundarios

Don Quijote y Sancho Panza by HERNAN PEREZ


La historia de la literatura (y la del cine, y la de la televisión) está plagada de personajes secundarios adorables. El primero que me viene a la cabeza es el bueno de Sancho Panza, pero seguro que cualquiera de vosotros podéis pensar en multitud de ejemplos.

Ya os he hablado en otras ocasiones de mi amigo Manu Espada. Es escritor, guionista de televisión y maestro de ceremonias de las presentaciones de Hoy no puedo en Sevilla, Salamanca y Madrid (9 de noviembre, 23 de noviembre y 14 de diciembre). Pues Manu está preparando un libro de microrrelatos que publicará la editorial Menoscuarto en febrero. Ha tenido una idea genial como hilo conductor de todos ellos: el libro se titula Personajes Secundarios, y en él convierte a secundarios de la literatura, el cine y la vida en protagonistas durante unas líneas. Es un libro de perdedores, de segundones convertidos en protagonistas por un momento, lo que dura un cuento.

La verdad es que el término "secundario" tiene unas connotaciones algo peyorativas que no hacen justicia a quienes ostentan este grado en la ficción narrativa. Si el personaje principal realiza o sufre la acción que define la historia (simplificando mucho), los secundarios intervienen de múltiples formas en el desarrollo de la trama. A veces, son simplemente testigos o cronistas de lo que ha sucedido. En otras ocasiones son los narradores, su visión de las cosas es crucial, porque es su mirada la que explica (y la que filtra) lo que le pasa a un personaje que, al menos a priori, tiene todas las papeletas de llevarse los favores del público lector o de los espectadores. Otras veces, la intervención del personaje secundario puede parecer testimonial, pero muy probablemente sin su intervención no entenderíamos la historia de la misma manera.



En las series de televisión (ya sabéis que soy seriéfilo empedernido) casi se ha puesto de moda dotar a los secundarios de una riqueza que hace unos años los guionistas no se planteaba. Muchos secundarios eran, prácticamente, figurantes. Pero eso ha cambiado: pensemos en todo el elenco del universo de los Soprano: la familia de Tony (me interesa mucho el hijo abúlico y trolero de Tony Soprano, A.J.), Corrado, Paulie, Sil (qué grande es este personaje). Siento empatía por los secundarios que, muchas veces, me resultan más admirables que los protas. Por ejemplo, Amy Farrah Fawler, la “novia” de Sheldon en The Big Bang Theory. O Astrid, la agente del FBI que cuida de Walter en Fringe. Y sí, todos hemos fantaseado con ser House de vez en cuando, pero ¿no creéis que el doctor Chase es un personaje con muchas aristas, más complejo de lo que aparenta? 



jueves, 17 de octubre de 2013

La sirena de la plaza



No soy de este barrio, pero los días de luna llena suelo darme una vuelta por la Plaza del Oeste. Si te colocas frente a la luna, su reflejo en el pavimento consigue que la plaza parezca un mar en calma. Muy de vez en cuando pasa algún coche a deshoras, y miles de peces de colores saltan a las aceras. Dicen que si miras fijamente, en el fondo puedes ver a la sirena de la plaza. Ayer salió de las aguas, hermosa, y me agarró del brazo. “Son 20 euros”, me dijo con su pelo de algas.

lunes, 14 de octubre de 2013

Cuando te tapas los ojos

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Untitled by Adam Skonecki


¿Has probado alguna vez a taparte los ojos en la calle? Inténtalo. Siéntate en un banco del parque, a la salida de unos grandes almacenes, en el metro (el autobús o el tren). Deja que actúen el resto de los sentidos: permite a los sonidos crear formas en tu cabeza, huele lo que “se cuece” en esa plaza, pon tu mano sobre la superficie rugosa de un edificio que has visto millones de veces, que sabes de qué color es, cuántas puertas tiene, pero que jamás se te ha ocurrido tocarlo.
Para un escritor la vista es primordial. Necesita recrear para los demás una escena, un paisaje, las reacciones de un personaje. Pero a veces se nos olvida que el resto de los sentidos son tanto o más sugerentes que la vista. Que nuestros recuerdos no están hechos solo de imágenes. 
Os dejo un texto que escribí hace unos años y que se publicó en un volumen de relatos cortos de la Escuela de escritores. El protagonista tiene todo el tiempo los ojos cerrados y potencia el resto de los sentidos

Ruth
"Noto que Ruth se mueve en la cama y me despierto. No necesito abrir los ojos para saber que se marcha. Escucho cómo sube la cremallera de su pantalón, la misma por la que unas horas antes deslizaba mis manos. Ahora, en silencio, caigo en la cuenta de lo excitante de ese sonido: me suena a fruta fresca crujiendo en su boca, y todo lo que me recuerda a su boca me excita. Después se abrocha la blusa perdiendo sus dedos entre los ojales, como tejiendo una coraza de seda. Si me esfuerzo, puedo oír las chispas de electricidad estática que saltan de la tela de la camisa, como luciérnagas en fiesta. Bebe un poquito de agua del vaso que por la noche deja en la mesilla. Siempre lo hace. 
Qué estará haciendo en este instante; no escucho nada. Un golpe seco contra el suelo aviva mi imaginación: creo que se le ha caído el reloj cuando intentaba ponérselo a oscuras. No es muy hábil con las manos. Tiene unas manos grandes, casi de campesina, que maneja con torpeza honesta. Su tacto es algo rugoso, pero no duele. Cuando me toca es como si me recorriera el cuerpo con las púas flexibles de un peine. Me hace cosquillas en la piel. Otro silencio. Su respiración se agita un poquito. Seguro que me está mirando para descubrir si el ruido me ha despertado. El ritual termina con unas gotas de perfume. Siempre le digo que huele a flores y a hierba recién cortada. 
Siento que soy una cometa mecida por un viento suave, atada a su mano poderosa. Y miro a Ruth desde el cielo, y noto que se me llena el pecho de aire, y respiro su olor a hierba, y pienso otra vez en su boca, y en el sonido de la cremallera de su pantalón, y en las chispas de electricidad estática de su blusa. 
Ya se marcha. Me revuelvo en la cama y emito un gemido tenue, como de sueño placentero, para llamar su atención. Ella se queda quieta y, aunque no lo veo, sé que sonríe. Las primeras veces no soportaba la separación; siempre pensaba que no iba a volver. Habíamos iniciado una relación sin cadenas ni pasados; sin prisas ni pausas; sin amigos ni cenas para cuatro. Nos bastamos Ruth y yo. Todavía hoy siento en el estómago un pinchazo agudo y el vértigo de hacer equilibrismo en un alambre, quizá herencia de otras relaciones que terminaron sin más. Y no me quedo tranquilo hasta que reconozco el rotulador arañando la nota que me deja todos los días, sin fallar ni uno. “Te quiero”. “Vuelvo pronto”. “Voy a echarte de menos”. “Qué guapo estás cuando duermes”… 
Me da un beso en la frente y deja sus deseos de papel sobre la mesilla. Cierra la puerta con cuidado, y me invaden el sopor y la calma. Me doy la vuelta y abrazo su almohada. Hoy no voy a trabajar."

jueves, 10 de octubre de 2013

Niños raros

Solo el título del libro que quiero recomendaros es más que sugerente: Niños raros. Esta colección de 27 niños y niñas peculiares es una delicia que merece muy mucho la pena. La niña búho, el niño inverso, el niño cacto, el niño gamusino (este es el favorito de mis hijos), la niña jirafa, la niña humo, la niña espuma y otros pequeños experimentos de letras y dibujos son parte de este libro, muy bien editado por SM.  

Conozco (y admiro) a los autores hace muchos años, pero después de leer y releer los maravillosos textos que van de la mano de los no menos maravillosos dibujos de Tomás Hijo siento una insana envidia de la imaginación deliciosamente enfermiza de Raúl Vacas, poeta nada maldito. Raúl es un mago de las palabras. Y no es una expresión hecha ni tampoco algo metafórico. No solo domina todos los palos modernos y clásicos de la poesía (décimas, espinelas, romances o sonetos, por citar algunos), sino que además es capaz de adaptarlos a los lectores más “raros” y exigentes que existen y existirán jamás: niños y niñas. Raúl enseña al público su colección de poemas, se los cambia de mano, le seguimos con la mirada por un camino que parece el más recto para, después, y sin apenas darnos cuenta, se saca un koala de la chistera, un gamusino de la manga o un alga de un calcetín. 

Las ilustraciones del libro son de Tomás Hijo, dibujante alebrado y atormentado. Y es que este libro no se entiende sin sus dibujos. Los más pequeños disfrutan tanto de las poesías como de la sombra de un niño en un banco del parque, el cacto con un globo en la mano (ay, Tomás, cómo te ha gustado siempre el drama, la bomba a punto de estallar) o la niña urgente, mimetizada con un buzón de correos

Ahora que termino de hablaros de estos Niños raros, creo que estoy sufriendo algún tipo de extraña e indeseada transformación.

lunes, 7 de octubre de 2013

Escenas de cine mudo



Hace unos días alguien colgó en Facebook una fotografía de grupo en la que aparecía yo. Era una imagen del colegio, probablemente de 5º de E.G.B (sí, soy de la E.G.B., ¡ains!) más o menos del Paleolítico inferior. Una vez superado el trámite de encontrarme en esa fotografía y de tratar de reconocer al mayor número posible de compañeros (en esos momentos el colegio no era mixto), me asaltaron dos pensamientos inmediatos relacionados con la literatura y pensé: “Esto tengo que contarlo en el blog”. 



La primera referencia que me vino a la memoria fue El pequeño Nicolás, esa maravillosa serie de libros escrita por Goscinny (sí, el de Astérix y Obélix) e ilustrados por Sempé. En esos libros Nicolás, un niño de 7 u 8 años, contaba en primera persona las ingenuas pero divertidas peripecias de un niño travieso en el colegio. Una de ellas la recuerdo con nitidez: el día que un fotógrafo fue al colegio y trató de hacer una fotografía de grupo



Si mi primera referencia era de la niñez (El pequeño Nicolás lo leí siendo un crío)  la segunda pertenece a mi vida adulta. Se trata de Escenas de cine mudo, de Julio Llamazares. He de decir que el caso de este escritor es, desde mi punto de vista, bastante curioso. Creo que ha escrito una de las obras más bellas de la literatura contemporánea en español (La lluvia amarilla) y algunos buenos libros en su primera época como narrador (Luna de lobos, por ejemplo). Es de las pocas personas de las que guardo un autógrafo (no soy nada fetichista). Sin embargo, a partir de un determinado momento de su vida, Llamazares “se seca”, pierde la magia, se acabó, finito. Sí, sigue escribiendo con honestidad, eso no lo discuto, pero se le apagó la luz que tuvo en sus orígenes. 

Bien, pues en Escenas de cine mudo Llamazares hace un ejercicio narrativo muy interesante y atractivo para mí: abre una caja con fotografías de su infancia y juventud y cuenta la historia que hay detrás de ellas. Es difícil precisar qué hace él (qué hacemos todos) con nuestro pasado cuando lo reconstruimos. Muy probablemente adornemos un instante de nuestras vidas con detalles que jamás sucedieron, que retorzamos la historia, quizá involuntariamente, para hacerla más atractiva, más fácil de enlatar y recuperar en una comida con amigos. No me importa demasiado si el resultado es, al menos, tan bello como el de Escenas de cine mudo.

jueves, 3 de octubre de 2013

Un escritor es un mirón

Le Voyeur by Victor Alexandre  on 500px.com
Le Voyeur by Victor Alexandre


Un escritor es un mirón. Eso es así. TIENE que ser así. Una persona que escribe está obligada a observar a los otros. Tiene que tener en la retina (y en la memoria) un rimero de gestos, de reacciones, de tonos de voz. Escritoras y escritores son, por naturaleza, fisgones, indiscretos, entrometidos. Miran a ese chico que se mesa el cabello sentado en unas escaleras; olisquean en la discusión de una madre con su hija; meten las narices en una puerta entreabierta para ver qué se cuece dentro. No queda otra.
No, queridas lectoras, queridos lectores. No me malinterpreteis. No hablo de ser un chismoso; tampoco un voyeur en el sentido sexual del término… Hablo de que nuestro campo de estudio es la vida diaria, de que bebemos de los espacios, los tiempos y los personajes del teatro vital. Y los cogemos, los tamizamos, los retorcemos, los hacemos nuestros, y hasta le damos una vuelta de tuerca…
Algo así hago en el relato Pájaros. Un ornitólogo que observa a las aves comienza a observar también a los vecinos. Hasta que lo descubren. Y entonces, en ese instante, en ese preciso momento, Miguel de la Mota descubre que, sin esperarlo, pasa él a ser el observado.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Elegir la pastilla correcta

The Kill & The Cure by Thomas Bruin

En una de las secuencias más conocidas de Matrix, Morfeo le ofrece a Neo la posibilidad de elegir entre la pastilla roja y la pastilla azul
Si toma la pastilla azul despertará en su cama (virtual) y nada habrá cambiado, pero si toma la pastilla roja accederá a la verdadera realidad (“Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, nada más”, le dice Morfeo).
Cuando empiezas a escribir una historia, tienes también que elegir. Como es fácil de adivinar, son muchas las decisiones que hay que ir tomando para construir el relato, pero ahora me refiero exclusivamente a la decisión más importante: qué historia quiero contar. 
¿De dónde surgen las historias? ¿Cómo se le ocurre a alguien explicar las Instrucciones para subir una escalera o enamorarse de su compañera de asiento en El avión de la bella durmiente? Entiendo que la respuesta a esta pregunta no es unívoca. Al comienzo, casi todos escribimos de lo que conocemos, de nuestras experiencias, de lo que tenemos encerrado en nuestro interior. Pero, desde mi punto de vista, el gran salto de un escritor o escritora consiste en salir del propio cuerpo, en ser capaz de empatizar con asesinos, beatos, profesoras de danza, cantantes de ópera, cirujanas excelsas, ricos miserables… Lo adelanto: muy poco de lo que encontraréis muy prontito en Hoy no puedo es autobiográfico. Muy poco.
Pero uno de los relatos tiene un origen curioso y quiero aprovechar para contároslo, tal y como os prometí en su día en nuestra página de Facebook. Es el que está en quinto lugar, titulado Las pastillas rojas del doctor Gacitúa. Hace un tiempo mi buen amigo Juan Carlos (socio, te echo de menos) me contó que él y sus hermanos, cuando eran niños, se colaban en la consulta de su padre, un psiquiatra chileno, y le “tomaban prestado” un bote de pastillas de color rojo. Les atraía el color y, sobre todo, su sabor dulce. Chupaban el excipiente azucarado que las envolvía hasta que llegaba la píldora con su sabor amargo. Entonces la escupían (aviso: no repitan este experimento en su casa). Me quedé con esa anécdota y un tiempo después surgió el relato. No voy a estropear nada del contenido, pero os advierto de que, excepto el apellido y la profesión del doctor (tiene un apellido bonito, no digáis que no) y el detalle de las pastillas rojas, no hay ni una sola coincidencia con la realidad. Ya me contaréis si os gusta el relato cuando lo leáis.
Por cierto, ¿tenéis alguna curiosidad sobre el proceso creativo? ¿Os apetece preguntar algo sobre las historias, los personajes, los relatos? ¡Déjanos un comentario aquí!

jueves, 26 de septiembre de 2013

Escritores "geek"

I'm really a geek ? by Robin-Angelo Fuso

Lo siento, pero soy un escritor geek. Pido perdón en primer lugar por el uso del término en inglés. Pero también por lo que significa: estoy seguro de que eso no es lo que espera la mayoría de la gente de alguien que escribe relatos, novela o, (menos aún), poesía. Casi siempre el público imagina el mágico acto de escribir como una actividad casi artesanal, plagada de papeles emborronados de bolígrafo o, como mucho, el fruto de largas horas delante de un procesador de textos mondo y lirondo.  Pues en mi caso no es así. Me gusta la tecnología. Me resulta útil. De hecho, para escribir uso un programa bastante famoso que se llama Scrivener (os he hecho una captura de pantalla para que lo veáis). Me va bien. Me permite tener en la misma pantalla no solo lo que escribo, también carpetas, documentación, biblia de personajes
Y a lo mejor no os lo creéis, pero en alguna ocasión cuando he estado corto de inspiración y necesitaba algún tipo de disparador creativo que me ayudara a arrancar, he utilizado una aplicación para el Iphone que se llama “Ideas para escribir”. Aunque es ocasional y la utilizo solo en las primeras fases en las que exploro temas y tramas, me ayuda a soltar un poco los músculos antes de empezar la tarea.
Por último, desde que mi hada madrina Laura Ochoa (ya sabéis, la ilustradora de la portada) me animó a difundir Hoy no puedo por las redes sociales, también me valgo de otro servicio en Internet muy, muy útil que se llama Hootsuite, que me permite programar tuits, entradas de Facebook y del blog. Suelo hacer una programación para varios días y eso me libera para no tener que estar todo el día tuiteando en el trabajo o en otros lugares. 
Es posible que a algunos os haya parecido que estas confesiones rompen una especie de aura mágica o misteriosa del trabajo (porque es un trabajo) de escribir. Pero es que ya os lo dije: yo soy un escritor geek.