lunes, 30 de septiembre de 2013

Elegir la pastilla correcta

The Kill & The Cure by Thomas Bruin

En una de las secuencias más conocidas de Matrix, Morfeo le ofrece a Neo la posibilidad de elegir entre la pastilla roja y la pastilla azul
Si toma la pastilla azul despertará en su cama (virtual) y nada habrá cambiado, pero si toma la pastilla roja accederá a la verdadera realidad (“Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad, nada más”, le dice Morfeo).
Cuando empiezas a escribir una historia, tienes también que elegir. Como es fácil de adivinar, son muchas las decisiones que hay que ir tomando para construir el relato, pero ahora me refiero exclusivamente a la decisión más importante: qué historia quiero contar. 
¿De dónde surgen las historias? ¿Cómo se le ocurre a alguien explicar las Instrucciones para subir una escalera o enamorarse de su compañera de asiento en El avión de la bella durmiente? Entiendo que la respuesta a esta pregunta no es unívoca. Al comienzo, casi todos escribimos de lo que conocemos, de nuestras experiencias, de lo que tenemos encerrado en nuestro interior. Pero, desde mi punto de vista, el gran salto de un escritor o escritora consiste en salir del propio cuerpo, en ser capaz de empatizar con asesinos, beatos, profesoras de danza, cantantes de ópera, cirujanas excelsas, ricos miserables… Lo adelanto: muy poco de lo que encontraréis muy prontito en Hoy no puedo es autobiográfico. Muy poco.
Pero uno de los relatos tiene un origen curioso y quiero aprovechar para contároslo, tal y como os prometí en su día en nuestra página de Facebook. Es el que está en quinto lugar, titulado Las pastillas rojas del doctor Gacitúa. Hace un tiempo mi buen amigo Juan Carlos (socio, te echo de menos) me contó que él y sus hermanos, cuando eran niños, se colaban en la consulta de su padre, un psiquiatra chileno, y le “tomaban prestado” un bote de pastillas de color rojo. Les atraía el color y, sobre todo, su sabor dulce. Chupaban el excipiente azucarado que las envolvía hasta que llegaba la píldora con su sabor amargo. Entonces la escupían (aviso: no repitan este experimento en su casa). Me quedé con esa anécdota y un tiempo después surgió el relato. No voy a estropear nada del contenido, pero os advierto de que, excepto el apellido y la profesión del doctor (tiene un apellido bonito, no digáis que no) y el detalle de las pastillas rojas, no hay ni una sola coincidencia con la realidad. Ya me contaréis si os gusta el relato cuando lo leáis.
Por cierto, ¿tenéis alguna curiosidad sobre el proceso creativo? ¿Os apetece preguntar algo sobre las historias, los personajes, los relatos? ¡Déjanos un comentario aquí!

jueves, 26 de septiembre de 2013

Escritores "geek"

I'm really a geek ? by Robin-Angelo Fuso

Lo siento, pero soy un escritor geek. Pido perdón en primer lugar por el uso del término en inglés. Pero también por lo que significa: estoy seguro de que eso no es lo que espera la mayoría de la gente de alguien que escribe relatos, novela o, (menos aún), poesía. Casi siempre el público imagina el mágico acto de escribir como una actividad casi artesanal, plagada de papeles emborronados de bolígrafo o, como mucho, el fruto de largas horas delante de un procesador de textos mondo y lirondo.  Pues en mi caso no es así. Me gusta la tecnología. Me resulta útil. De hecho, para escribir uso un programa bastante famoso que se llama Scrivener (os he hecho una captura de pantalla para que lo veáis). Me va bien. Me permite tener en la misma pantalla no solo lo que escribo, también carpetas, documentación, biblia de personajes
Y a lo mejor no os lo creéis, pero en alguna ocasión cuando he estado corto de inspiración y necesitaba algún tipo de disparador creativo que me ayudara a arrancar, he utilizado una aplicación para el Iphone que se llama “Ideas para escribir”. Aunque es ocasional y la utilizo solo en las primeras fases en las que exploro temas y tramas, me ayuda a soltar un poco los músculos antes de empezar la tarea.
Por último, desde que mi hada madrina Laura Ochoa (ya sabéis, la ilustradora de la portada) me animó a difundir Hoy no puedo por las redes sociales, también me valgo de otro servicio en Internet muy, muy útil que se llama Hootsuite, que me permite programar tuits, entradas de Facebook y del blog. Suelo hacer una programación para varios días y eso me libera para no tener que estar todo el día tuiteando en el trabajo o en otros lugares. 
Es posible que a algunos os haya parecido que estas confesiones rompen una especie de aura mágica o misteriosa del trabajo (porque es un trabajo) de escribir. Pero es que ya os lo dije: yo soy un escritor geek.  



lunes, 23 de septiembre de 2013

Todos esos nombres



Pepi Bartolomé, Nuria Egea, Ágata, Marta, Alberto, Samuel, Onofre, Miguel de la Mota, Leticia, Irma, Sergio, Nickolaus, Erdmuth Willard… Todos ellos son los nombres de algunos de los personajes de los siete relatos que componen Hoy no puedo. Mi amiga Patri de Benavente me preguntó una vez que de dónde salían todos esos nombres, que por qué decidía que un personaje se llamara de una manera y no de otra e, incluso, como sucede por ejemplo en el relato titulado El miedo no existe, por qué alguno de los personajes no tenía un nombre.
Con los nombres de los personajes me sucede algo curioso. La mayoría de las veces “visualizo” con claridad el nombre que creo que le “pega” a ese personaje, especialmente si es un término español. En otras ocasiones, lo que me importa es cómo suena la combinación de nombre y apellidos. Eso sí: rara vez tomo prestado datos reales de algún conocido. Para los nombres extranjeros suelo buscar al azar en distintos lugares e intento jugar con mezclas que me resultan armoniosas. [Un secreto: escribo con un programa informático que se llama Scrivener. Este programa… ¡tiene un generador de nombres y apellidos! Puedes introducir en él listas en distintos idiomas y el programa genera combinaciones]. Aún no he probado a inventar nombres, al estilo de lo que hace el gran Quim Monzó. Eso queda pendiente para el próximo libro.
Navegando por la red he encontrado dos blogs que plantean ejemplos curiosos relacionados con los nombres de personajes de ficción. Fortegaverso hace una lista con los 50 mejores nombres de personajes y lugares míticos y de ficción. En ella aparece Jack Bauer (¿os acordáis de 24’), Lex Luthor (el malo de Superman) o Gotham City (Batman). En Elblogdelocascio Matt Robb explica cómo encontrar un nombre para mi personaje de ficción. Un adelanto: utilizó un listado de veteranos de la Guerra de las Malvinas. Ahí queda eso.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Bebop



Lo más difícil después de escribir un libro es… escribir el segundo. Llevo unos meses de una cierta sequía creadora, entre el cambio de ciudad (ahora vivo en la hermosísima  Sevilla) y de trabajo (ahora en la Universidad Loyola Andalucía). También estamos preparando el lanzamiento de Hoy no puedo, esperando las pruebas de la editorial Talentura, moviendo las redes sociales para difundirlo, buscando lugares para hacer las presentaciones y poder encontrarme con todas las personas que tan buena acogida han dado a este proyecto. Ojalá el libro no defraude a nadie.
Como os decía, en estos meses no he escrito mucho, pero algo sí. He terminado un relato corto que se titula Bebop y he empezado uno que, provisionalmente, he llamado Nube de mariposas (no sé si me quedaré con este título… me suena algo ñoño). Me gustaría contaros algo del que he terminado porque, especialmente el título, tiene una historia bonita detrás. Es posible que algunos sepáis que el bebop es un estilo musical del jazz que se desarrolla en la década de los cuarenta del siglo XX. Wikipedia dice esto:
Al llegar a los años 40, el jazz se encontraba musicalmente en un callejón sin salida. Muchos músicos estaban frustrados por las limitaciones que suponía tocar en grupos grandes (Big bands), y empezaron a buscar formas de expresión nuevas y originales. La generación más joven del jazz, sobre todo Parker y Gillespie, optaron por reírse abiertamente de las normas. La respuesta de Gillespie al aburrimiento de la rutina del swing fue tocar a un ritmo furioso y llenar el breve solo que se le concedía en la orquesta con tantas ideas armónicas y melódicas como podía.
Ya sabéis que me gusta la música (os recuerdo que tenemos lista de Spotify, podéis leer este texto escuchando música, bajad un poquito en esta página). Me parecía que el bebop era un estilo cargado de simbolismo, lleno de energía y creatividad, que surgió deseoso de romper las estrecheces de lo consolidado en la música de los años cuarenta. Con esa idea he tratado de escribir un relato muy "musical", con un peculiar y poco ortodoxo detective como protagonista que tiene las paredes de su habituación empapeladas con fotografías de los grandes del jazz: John Coltrane, Dizzy Gillespie o Charlie Parker.
Una curiosidad antes de terminar: Charlie Parker explicó con sarcasmo en una ocasión que se llamó bebop a este estilo musical porque aquella palabra sonaba igual que la porra de un policía en el cráneo de un negro.

lunes, 16 de septiembre de 2013

No estoy inspirado

Colors by Björn Burton

No, no quiero decir que ahora mismo, en este momento, no esté inspirado. No es eso. Es que hoy quiero hablaros de eso que llamamos “inspiración” y de cómo lo he vivido yo en este proceso largo de escribir un libro de relatos
Supongo que cualquier persona que se dispone a crear (a escribir, a pintar, a componer…) espera que algo “fluya”, que de pronto, como por arte de magia, las ideas que no acaban de estar del todo definidas en tu cabeza se materialicen en algo cuajado, hecho, rematado. Por si no lo sabíais: eso no existe (casi nunca). Claro que he tenido la experiencia de tener un día bueno, de esos en los que parece que tu mente está más despejada de lo normal y que todo lo que sale de ella se engarza perfectamente con un hilo invisible. Pero no es lo habitual. Lo normal es pasar varias horas dándole vueltas a una idea, empezar a escribir y borrar en el ordenador tantas veces que, si en vez de en una pantalla estuviésemos escribiendo en papel, habrían talado varios árboles por nuestra culpa.
No soy una persona supersticiosa. No tengo amuletos, ni rutinas, ni manías a la hora de escribir. Escribo indistintamente por la mañana o por la tarde (casi nunca por la noche). Lo que sí necesito es silencio. No puedo escribir con música. Alguna vez he escrito en un bar, pero con dificultad. 
Hay días que pienso: “Guau, qué bien ha salido todo, qué inspirado estaba”, y cuando reviso el texto veo que apenas ha sido medio folio, pero muy aprovechado. Otros días, en cambio, directamente me quiero morir. Estoy atascado, obtuso, dudo por dónde tirar, hasta dónde revelar la trama, cómo desarrollar un personaje… Horas y horas dándole vueltas para… ¿nada? En realidad -ahora lo sé- nunca es “para nada”. Los atascos son necesarios, imprescindibles. Detrás de ellos está el premio. Lo que sí he entendido es que escribir es una gimnasia. Hay que hacerlo cada día. Las etapas productivas de mi vida han sido, precisamente, cuando más constancia he tenido escribiendo (y, sobre todo, tachando y borrando). Por cierto: ¿a dónde irán todas esas ideas muertas? Creo que eso da para otra entrada en el blog de Hoy no puedo.





jueves, 12 de septiembre de 2013

¿A quién te pareces?

Nos os podéis imaginar la cantidad de veces que me preguntan a quién me parezco, o mejor, a “qué” se parece lo que escribo. Si mis relatos son más como los de este escritor o este otro. A mí me resulta muy difícil hacer ese ejercicio, aunque reconozco que le voy cogiendo el gusto a pensar en estas cosas porque me ayudan también a reflexionar sobre mi propia labor creativa. La verdad es que desde que nos lanzamos a las redes sociales (Twitter, Facebook y ahora el blog) muchas personas me cuestionan sobre distintos aspectos del proceso de escribir que no me había planteado antes.
Por supuesto que leer a otros con mucho más talento que yo me hace crecer como escritor (o eso quiero creer). No os voy a aburrir con nombres, pero os voy a citar a tres españoles contemporáneos (dejo a los clásicos del relato fuera: Cortázar, Kafka, Borges, Carver…). Jon Bilbao me gusta mucho, y creo que, salvando las distancias, es a quien más me parezco. Tiene un estilo sencillo, desnudo de artificios, con una lectura apta para cualquier público y una segunda lectura más profunda. Os recomiendo Como una historia de terror y Bajo el influjo del cometa. Otro muy interesante es Ignacio Ferrando, profesor de la Escuela de escritores. Lo que más me gusta de él es su dominio de la técnica: todas las piezas encajan y, además, lo hacen con un alto dominio del lenguaje. Tiene varios libros, pero el que más me gusta es Sicilia, invierno. Y por último, mi amigo Manu Espada. En sus narraciones hay poco lugar para lo cotidiano, para el realismo puro y duro. Sin embargo, es el rey de la verosimilitud: puede contar historias fantásticas que, sin embargo, no chirrían al lector. Tiene la magia de hacer parecer verdad lo que desafía las leyes del tiempo y del espacio. Es, además, un excelente microcuentista (ese género taaaaan difícil).  La Editorial Talentura, que editará en octubre Hoy no puedo, está preparando  también para ese mes una segunda edición del libro de relatos de Manu Espada titulado Fuera de temario. Os lo recomiendo. Si hablamos de micros, Patricia Esteban Erlés escribe muy buenos microrrelatos. Siguiendo la impronta del gran Iwasaki, esta escritora aragonesa ha publicado el más que interesante Casa de muñecas.
En fin, estoy seguro de que cuando leáis el libro os surgirán muchas preguntas y a mí me encantaría interactuar con todas vosotras y con todos vosotros. De momento, podéis dejarme aquí los comentarios que os apetezca.


Pencil Vs Camera - 73 by Ben Heine

lunes, 9 de septiembre de 2013

Vértigo

Desde que hace unos meses supe que la Editorial Talentura (a la que estoy muy agradecido) iba a publicar Hoy no puedo han sucedido muchas cosas. Al principio, apenas se lo conté a unas pocas personas cercanas. Luego, animado por Laura Ochoa, la ilustradora de la portada, me decidí a hacerlo público a través de las redes sociales y ahora de este blog.  
No os ocultaré que, además de estar emocionado, siento también un vértigo tremendo. He escrito otras cosas, libros, artículos… todas relacionadas con mi trabajo como profesor universitario. Pero esto es diferente. Estos siete relatos son personales, son literatura (buena, regular o mala… las lectoras y los lectores lo juzgarán muy pronto). Son fruto de un año de trabajo intenso, de mucho darle vueltas al coco, de tachar y reescribir infinidad de veces. Os puedo asegurar que le he puesto mucha pasión y mucho cariño. 

Lo más importante:
Los siete relatos son independientes: cuentan historias distintas, con personajes distintos, incluso con estilos diversos (los que seguís la página de Facebook tenéis los títulos y una sinopsis de cada relato allí). Pero en todos ellos hay un detalle que los relaciona, un hilo casi invisible que hace que el libro tenga un cierto sentido unitario: en todos los relatos hay, se recibe o se espera un mensaje. Puede ser una carta, un mensaje de móvil, un pósit en la nevera (¿os suena?) o un privado de Facebook









¿Os gustaría saber más cosas de cómo se escribió el libro? ¿Tenéis alguna curiosidad? Podéis enviarme un correo (al final de esta página) o contactar a través de Twitter.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Cómo se hizo la portada de Hoy no puedo

JUAN: Yo lo tenía claro: desde el principio supe que la ilustración de la portada tenía que ser una escena del relato titulado Hoy no puedo; y no de otro. Tranquilidad, que no voy a desvelar nada esencial del contenido. En esa escena a la que me refiero, Irma llama por teléfono a Sergio y mantienen una de las varias conversaciones telefónicas que suceden a lo largo de la historia. Ella está sentada en la cocina, y al fondo se ve en la nevera el pósit que Sergio le ha dejado mientras dormía. Lo más difícil para mí era imaginarme la ilustración. Soy un horror dibujando. Y no os imagináis lo difícil que es hacer que otras personas vean en su cabeza al personaje que tú tienes en la tuya. Le mandé a Laura el relato y le expliqué la idea. Afortunadamente, me entendió a la primera lo que quería, se imaginó rápido todo. Laura es una auténtica crack. Eso es así. Una vez que teníamos claro el contenido, buscamos un “estilo”. Barajamos varios. Yo al principio veía la portada muy colorida, un tipo pop-art. Pero Laura me enseñó algo que me hizo planteármelo: un dibujo (aparentemente) sencillo, a lápiz, con un fondo amarillo. Lo más difícil de todo fue sacar la posición de Irma, fumando y hablando por teléfono. Pero eso que os lo cuente Laura


Referencia, proceso y boceto del plano/escena e ilustración final (de izquierda a derecha)


LAURA: Ha sido todo un placer trabajar con Juan. En seguida estábamos en la misma onda en cuanto al personaje. Tengo que decir que para mí ha sido un gran reto, porque con esta ilustración he salido totalmente de mi zona de confort. Yo suelo hacer cosas ñoñas y naif y de repente tenía una ilustración más realista de una escena en la que se respira tensión y drama. La postura fue todo un reto, quería que fuera algo real, pero que al mismo tiempo rompiera las proporciones de la realidad, que fuera un boceto inacabado pero muy trabajado. Lo que yo quería conseguir con esta ilustración es que luego cada espectador le dé volumen y color en su cabeza y terminen de imaginar el personaje y la situación es sus cabezas. Para mí lo mejor de un libro es el poder que tiene de recrear y activar nuestra imaginación, así que la ilustración son unas "líneas guía" para disfrutar de cada palabra y cada coma que ha escrito Juan.