jueves, 24 de octubre de 2013

Atrapar una sombra

Frescoes by Roberto Pireddu


El día que se dejó quemar la comida no se preocupó: un despiste lo tiene cualquiera. Tampoco le dio importancia al hecho de que no recordarse la fecha del óbito de su marido. ¡Fue hace tanto tiempo! Que no reconociese la voz de su hijo al otro lado del teléfono no era nada extraordinario, porque los años no pasan en balde y no oye bien de un oído. 

Lo que realmente hizo que se pusiera en alerta fue la sombra. Una mañana creyó ver a alguien en la casa. Apenas una sombra que pasó por delante de ella. Agarró una escoba, se armó de valor y recorrió las habitaciones; pero no halló nada. Muchas veces después de esa sintió su presencia fugaz, y en cada ocasión se afanaba, sin éxito, en encontrarla. Un día, incluso, vació todos los armarios para comprobar si se ocultaba tras las maletas, los abrigos o las sábanas planchadas

Ahora se pregunta si esa mujer con la cara arrugada y los labios mal pintados de carmín que la mira fijamente es la sombra que busca. “Eres muy escurridiza”, le dice en voz alta. Y la otra mujer, como burlándose, le repite las mismas palabras. Apaga la luz y sale ágil del cuarto de baño para interceptarla en su huida. Una vez más, la sombra escapa.  

Pero ella no va a parar hasta atraparla.

No hay comentarios: