lunes, 28 de octubre de 2013

Escribir es un oficio

Master and servant by Katalin Gerencsér on 500px.com
Master and servant by Katalin Gerencsér

“Escribir empieza siendo casi siempre un sueño o un capricho o una vocación imaginaria. Pero el sueño, el deseo, el capricho, no llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio”. 

Con estas palabras comenzó el escritor Antonio Muñoz Molina su discurso en la entrega de los premios Príncipe de Asturias 2013. No sé si habéis tenido oportunidad de escucharlo o leerlo completo: a mí, personalmente, me emocionó. Me pareció de una gran belleza (y de una gran decencia también). 

Dijo muchas cosas interesantes, pero sus primeras palabras no pueden ser más acertadas. Seguro que muchos/as de vosotros/as habéis escrito en algún momento de vuestras vidas; es posible, incluso, que continuéis haciéndolo. En todos los casos (en el mío, desde luego) nuestros primeros balbuceos literarios fueron un sueño, un deseo de trascender. Pero (y ahí Muñoz Molina da en la clave) para perdurar la vocación se tiene que transformar en oficio. Y desempeñar un oficio exige un esfuerzo sostenido, una dedicación inefable, una práctica dolorosa y sublime a la vez.  

¿Sabéis una cosa? Ahora que está a punto de salir Hoy no puedo (está en imprenta, así que esta semana o la siguiente, a lo sumo, estará disponible) tengo sentimientos encontrados. Por un lado, una gran orgullo y un deseo enorme de, como dice el escritor de Jaén, satisfacer una de las necesidades humanas más intangibles, aunque también una de las más universales: la de saber historias y la de contarlas. Suelo decir que si mis relatos consiguen que alguien disfrute unos minutos, que olvide sus problemas, que se identifique o proyecte sus deseos en algún personaje, ese instante, solo ese instante, habrá merecido la pena. Por otro lado, ya os lo conté en otro momento, siento el vértigo del juicio público porque (también lo dice Muñoz Molina) en este bendito oficio no hay garantías: ni la experiencia, ni la entrega, ni el cariño puesto en contar una historia.

Ahora trato de dar el paso más difícil: escribir el segundo libro de relatos cuando todavía no se ha publicado el primero. He querido sentarme en mi banco de carpintero, coger ese tronco informe e imaginar que dentro se esconde una figura que, quizá, solo quizá, puede ser más bella que la anterior. Os dejo, que tengo que retirarme a la tarea, a desempeñar mi oficio. Trataré de seguir los consejos de Muñoz Molina:

"Escribir sin concederse la menor indulgencia. Escribir aceptando y disfrutando la soledad…".

2 comentarios:

elojodelrincon dijo...

Seguro que nos sorprendes con 'Hoy no puedo' (Infórmanos del día que sale) y ánimo y suerte con tu nuevo proyecto! ;)

Juan F. Plaza dijo...

¡Muchas gracias!