lunes, 18 de noviembre de 2013

Un buen final

Ahora que muchos de vosotros y vosotras ya habéis empezado a leer Hoy no puedo (gracias, gracias, gracias), me hacéis llegar algunas preguntas sobre los relatos del libro. En ocasiones, vuestros comentarios tienen que ver con vuestros gustos: cuál es el relato que os ha hecho más tilín, qué personaje es más odioso, cuál es adorable… Pero la mayoría de las veces me preguntáis por el final, por cómo terminan, os inquieta saber por qué he acabado de esa forma y no de otra, o qué pasaría después, en el supuesto de que continuásemos con la historia.

Cerrar una historia (corta o larga) es, quizá, una de las tareas más arduas a las que se enfrenta un escritor. Sirvan como ejemplo dos series de televisión mundialmente reconocidas, cuyo final no ha estado exento de polémica: Los Soprano y Perdidos. Por supuesto, los guiones de las series que acabo de citar son grandísimos puzzles narrativos, pues han creado un universo propio tan complejo, con tantos personajes, tramas y subtramas que acertar con un buen final es dificilísimo, pero con un final que además contente a todo el mundo es algo imposible.

En el caso de relatos más o menos breves, la tarea es más modesta pero igual de exigente. Revisando los finales de los relatos de Hoy no puedo he repensado en el proceso que me llevó a terminar cada uno de ellos en ese punto y no en otro. (Tranquilos, que NO arruinaré ningún final. Podéis seguir leyendo estos comentarios). Me he dado cuenta ahora, escribiendo esta entrada de blog, que los “tipos” de finales que tienen los siete relatos son muy diferentes entre sí. Por ejemplo, en El miedo no existe hay un final como tal, pero deja abierto el misterio (¿o no?). El nivel 3 permite que sea la imaginación (¿calenturienta?) de lectores y lectoras la que “complete” el final. Hoy no puedo y Acuda a su caja son dos relatos más clásicos desde el punto de vista de la estructura, porque terminan con un final cerrado, exento de interpretaciones. Ya he explicado en otras ocasiones que Las pastillas rojas del doctor Gacitúa es, quizá, el relato más difícil del libro. Quizá lo sea porque también es en el que hay una atmósfera más onírica, con ciertos simbolismos. En su caso, el final da pistas para entender todo el relato y, aquí sí, es clave la participación de lectores y lectoras, que tienen que ir atando cabos y, por qué no, dando sus propias explicaciones de qué ha ocurrido (por cierto, quiero vuestras interpretaciones: enviad un correo, dejadnos un comentario aquí o en nuestra página de Facebook). En lo que se refiere al final de El robo de la piscina, podríamos decir que nos vuelve a enviar a la “casilla de salida”. Y hasta ahí puedo leer para no descubrir nada. Por último, Pájaros tiene una estructura muy bonita, con un final abierto: los dos personajes principales discurren en paralelo a lo largo de la historia, para terminar encontrándose… de aquella manera.
Los finales abiertos (o no cerrados del todo) son, desde mi punto de vista, una buena forma de relacionarse activamente con tus lectores. En ocasiones sucede que, simplemente, no puede haber un final porque, en aras de la verosimilitud de la historia, no existe ese final perfecto que, a veces, nos empeñamos tozudamente en buscar. Sobre los finales abiertos dice esto Jesús Pérez Sáiz: 

Un final abierto significa —para los personajes, y probablemente para el autor o autora— una actitud de pacto, aceptación de las limitaciones y búsqueda de soluciones fuera del cuento. Al lector de cuentos abiertos no se le ofrece una historia terminada, sino el fragmento de una historia inconclusa, que los protagonistas no saben o no pueden resolver en el interior del cuento. La indefinición obliga al lector a adoptar una actitud de búsqueda de soluciones fuera del cuento, en la vida real, le obliga a pensar en lo que ha leído y en los porqués, en sus significados... La vida no está hecha de líneas blancas y negras: los cuentos de final abierto exploran las posibilidades de los matices y los tonos grises.


Yo en este momento me enfrento a la incertidumbre de cómo cerrar esta entrada del blog. Cómo terminar de forma coherente con todo lo que he escrito hasta hora. Y, la verdad, no se me ocurre. :)

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