lunes, 30 de diciembre de 2013

Construir y destruir

TV Is Not King by Manafon


Será por las fechas en las que estamos, o quizá por el vértigo que produce ver cómo termina un año, o a lo mejor por las ilusiones y esperanzas que ponemos en 2014. Será por todo eso que es ahora cuando toca hacer balance, y proponerse retos, y fijarse metas, y mirar hacia delante. Porque junto con la nostalgia de lo que se fue y con las punzadas de las cicatrices que han dejado los que marcharon, no hay nada más humano que mirar al futuro, que pensar en lo que vendrá, que soñar con algo mejor. 

El año 2013 ha sido para mí un año especial: reencuentros y encuentros, un nuevo trabajo en una hermosa ciudad, compañeros y compañeras excepcionales en la Universidad Loyola Andalucía, la confianza de la editorial Talentura en los relatos de Hoy no puedo, la amistad de Manu Espada, el talento de Laura Ochoa, el aliento de mis amigos, el cariño de mis exalumnos y exalumnas… A veces me da miedo repetir mucho todas estas cosas, por si se rompe la magia.

Para 2014 no me conformo: quiero más. Quiero más risas, quiero más literatura, quiero más mar, quiero más sol, quiero más música, quiero más paz, quiero más igualdad, quiero más respeto, quiero más paciencia, quiero más futuro

Dice Muñoz Molina en Todo lo que era sólido (un acertadísimo análisis de las causas que nos han llevado a esta crisis) que es mucho más fácil destruir que construir. Él se refiere a lo sencillo que es cargarse de un plumazo todo lo material e inmaterial conseguido a lo largo de los años con mucho esfuerzo, explica cómo se aniquila en minutos la cultura del consenso, la convivencia o la solidaridad. Yo hago mía esta idea de “siempre construir”. Quizá es que a los que amamos la palabra, a los que escribimos no nos queda otra porque, jugando con los famosos versos de Gabriel Celaya, “la literatura es un arma cargada de futuro”.

Os espero en 2014.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Pues a mí me gusta la Navidad

christmas mug by Sho Shibata

Lo he estado pensando fríamente y he llegado a esta conclusión: a mí me gusta la Navidad.
Y mira que hay elementos objetivos en contra: el consumo desbordado, las campañas navideñas desde octubre, los excesos en las comidas, el frío, el anuncio de la lotería (¿os ha tocado?), las reuniones familiares multitudinarias, los niños que lloran, los petardos, los cotillones, la gente que sufre bajo las luces de un hipermercado, los que duermen en los cajeros y, sobre todo, la falta de aquellas personas que echamos de menos.
No creo que haya nada más humano que echar de menos, que nos duelan las ausencias. A veces son ausencias irremediables. Otras, motivadas por la distancia. Todos tenemos a alguien a quien echamos de menos.
A mí me sucede que en Navidad esas personas que no están y que formaron parte de otras navidades, estas sí, muy felices, se me hacen más presentes que nunca y, junto con el desgarro de su falta tengo un sentimiento más poderoso aún de presencia, de que están conmigo en la distancia. Y me gusta sentir ese calorcito que desprenden los fantasmas buenos que se unen a la fiesta unos días de diciembre.
Así que sí, a mí me gusta la Navidad
¡Feliz Navidad para todo el mundo!

domingo, 15 de diciembre de 2013

Presentación de Hoy no puedo en Madrid


Última parada de Hoy no puedo en 2013: Madrid. El sábado pasamos un buen rato con amigos y amigas, lectoras y lectores. 



Esta vez funcionó todo a la perfección, sonido incluido ;) Con la visita del libro a Madrid (después de Sevilla y Salamanca) cerramos las presentaciones. Ahora no queda más que daros las gracias y desear que disfrutéis con su lectura.



Y si os ha gustado... ya sabéis: REGALADLO

lunes, 2 de diciembre de 2013

El miedo al folio en blanco



Lo de encontrarse cara a cara con el folio en blanco no es miedo… es terror
Seguro que os ha pasado alguna vez. Ya sabéis: os sentáis delante del ordenador y tratáis de encontrar un hilo del que tirar. Si tienes alguna idea previa, estupendo, es un comienzo, pero si empiezas el viaje creador sin nada… Es el fin. Ves pasar los minutos, las horas, y has apuntado algunas cosas que rechazas sistemáticamente: “muy manido”, “demasiado complejo”, “demasiado simple”, “poco concreto”, “no, esto no es lo que busco”, “¿pero esto no es una peli?, “hoy no estoy inspirado”…
En mi caso (y en el de otros muchos), el tiempo para escribir (la ausencia de él, más bien) es un grave problema. El común de los mortales no somos escritores de profesión: tenemos que trabajar, atender a una familia, a los amigos… Por eso es especialmente traumático el tiempo que ¿perdemos? delante de la pantalla, esperando que aparezca el chispazo que nos lleve a un relato o, al menos, que nos conduzca a montar el andamiaje endeble en el que, poco a poco, construiremos nuestra historia.
Por eso, por la falta de tiempo, no suelo sentarme a escribir si no he rumiado antes alguna idea. Suelo contar que la ducha, el tiempo del afeitado (cuánto me aburre, por cierto) o cuando salgo a correr son los momentos en los que mi cabeza va buscando esa idea que luego podré trabajar.
Me han preguntado últimamente en las presentaciones de Hoy no puedo en Sevilla y Salamanca que de dónde surgen mis ideas, que si tienen que ver con cosas que me han sucedido en la vida corporal (me niego a llamarla vida real). La verdad es que no, normalmente no. ¿Queréis que os cuente cómo surgieron los siete relatos de Hoy no puedo? No destrozaré ninguno, prometido.
Vale, pues comienzo hoy la serie que iré avanzando en este blog. Empecemos por el primero: “El miedo no existe”.
Primero vino el título (a veces pasa). Mi querida Laura Ochoa (la que ha hecho la portada) tiene un blog que se llama “Los monstruos no existen”. La relación entre los títulos es obvia. Yo estaba obsesionado con hablar sobre el miedo, pero necesitaba aterrizar en algo concreto. Curiosamente, a la hora de escribir este relato tenía muy, muy claro dónde quería situarlo (esto no es lo habitual): en una casa rural que se parece mucho a una que visité hace tiempo en un lugar precioso de Galicia, en plenos cañones del Sil. Ya tenemos dos ingredientes: el qué y el dónde. También tenía claro que quería que el “quién”, la protagonista, fuese una mujer, una mujer valiente, sin miedo a nada (los cuentos populares ya han hablado durante siglos de hombres valerosos… cambiemos los papeles, ¿no?). Pues con esos elementos (no cuento más) surgió “El miedo no existe”.
¿Ya lo habéis leído? ¿Os ha gustado? ¡Contadnos!
P.D.: Mola el vídeo que he puesto arriba. Reproducidlo, ya veréis.