miércoles, 29 de enero de 2014

Para no olvidarse

Esta semana he descubierto una aplicación para el móvil: se llama “Recmember me”. Su utilidad es simple e inquietante al mismo tiempo: creas un recuerdo en el presente (una fotografía, un vídeo, un texto) y programas cuándo quieres recuperarlo en el futuro. Puedes fijar el año, el mes, el día y la hora en que se recibirá. En este vídeo lo explican con una dramatización que a mí me da más miedo que otra cosa.




Pensando en esta aplicación se me ocurren varias situaciones que pueden suceder:


  • Por ejemplo, te grabas con el teléfono en una cenita romántica con tu pareja, y programas el vídeo para recibirlo en tu correo electrónico dentro de diez años. Pero, un suponer, dentro de diez años ya no estás con esa persona. Y, mira tú, recibes el correo cuando cenas (también muy romántico) con tu nueva pareja, como si de un bucle maldito se tratase.
  • O te haces una foto con los colegas tomando algo en un sitio y recibes la fotografía como un recuerdo tétrico dentro de un tiempo,  toquemos madera, porque algunos de ellos han muerto (¿y si soy yo el que desaparece… quién recibe mi recuerdo?).
  • O, menos dramático, te grabas en un partido de fútbol de tu equipo que, oh Dios, baja de categoría (o desaparece) un tiempo después.


Y a ti, ¿te gusta la app? ¿Nos cuentas algún ejemplo de uso que se te ocurra?

miércoles, 15 de enero de 2014

“El nivel 3” o la elegancia del sexo

untitled by Stefano Tommasi on 500px.com
untitled by Stefano Tommasi

Ahora que muchas personas me han dicho que ya han leído Hoy no puedo, me apetece comentar algunos aspectos de los relatos del libro. Al menos creo que es interesante poder compartir aquí con todos vosotros de dónde surgieron algunas ideas y qué intención tenía yo al escribirlo. SI AÚN NO HABÉIS LEIDO ESTE RELATO (El nivel 3) ES MEJOR QUE NO SIGÁIS LEYENDO ESTA ENTRADA. Si lo habéis leído, os invito a participar con vuestros comentarios.
Que un relato tenga sexo no es fácil. Bueno, sí, claro, es muy fácil. Ese es el problema. En El nivel 3 me enfrentaba al reto de cómo hacer girar el argumento de una historia en torno a un local de striptease y no parecer zafio o, algo peor, ñoño. Una amiga, a la que le dedico ese texto, lo definió como “elegante”, y creo que ha sido la cosa más bonita que me han dicho de mis relatos en todo este tiempo (y algunas palabras hermosas me han dedicado, supongo que porque quien tiene cosas feas que decirme prefiere callarse).

La idea del relato la saqué de un cuento de Jon Bilbao que se titula Prolegómenos. Aunque obviamente los argumentos de ambos relatos son diferentes, si lo leéis (y os animo a que lo hagáis, porque Jon Bilbao es un cuentista inmenso) veréis algunas similitudes en cuanto a la atmósfera y el tono.

A pesar de la sordidez evidente de un sitio como un peepshow, traté de que el lugar no fuera “agresivo” para las lectoras y los lectores, tampoco pretendía juzgarlo o estigmatizarlo. Así que las descripciones del club Desengaño nos dibujan un escenario aséptico (“como la consulta de un dentista”), con empleados y empleadas bastante profesionales. Además, un detalle interesante para “acercar” el lugar al lector es que siempre que Pablo acude al “Desengaño” se actualizan los tiempos verbales a un presente muy periodístico.

Por lo demás, para qué engañarnos, Pablo es un panoli. No es que odie a mi personaje, pero la verdad es que es un tipo pacato e indeciso, pero suertudo por partida triple: lo abandona una novia insoportable (eso que gana), sus compañeros de oficina son de una lealtad estremecedora y Marta… Marta es estupenda. Es uno de los mejores personajes del libro (junto con Carla, de El robo de la piscina): es natural, extrovertida, decidida


¿Y qué es un “nivel 3”?, ¿qué tipo de extraña perversión sexual esconde? El “nivel 3” es un misterio que no puedo revelar. Lo es porque, amigas y amigos, siempre soñamos con que en el sexo haya más de lo que parece, un escalón, un nirvana, una pantalla más en el juego… ¿Pero y si solo es un macguffin, una excusa argumental que ayuda a los personajes a que avancen en la trama? Eso lo decidís vosotros, queridas y queridos. Lo dejo a vuestro criterio inteligente. Eso sí, ¡no os olvidéis de avisarme si llegáis al nivel 3!

martes, 7 de enero de 2014

Sobre El miedo no existe

Dark Stormy Place by Aaron J. Groen on 500px.com
Dark Stormy Place by Aaron J. Groen

Ahora que muchas personas me han dicho que ya han leído Hoy no puedo, me apetece comentar algunos aspectos de los relatos del libro. Al menos creo que es interesante poder compartir aquí con todos vosotros de dónde surgieron algunas ideas y qué intención tenía yo al escribirlo. SI AÚN NO HABÉIS LEIDO ESTE RELATO (El miedo no existe) ES MEJOR QUE NO SIGÁIS LEYENDO ESTA ENTRADA. Si lo habéis leído, os invito a participar con vuestros comentarios.

El miedo no existe es el relato más largo del libro (exactamente 6.562 palabras). A pesar de su extensión, lo escribí relativamente rápido porque partía de una idea muy concreta y, especialmente, porque tenía muy claro el espacio en el que quería que se desarrollase la acción

Vayamos por partes.

Hace algún tiempo pedí a mis contactos de Facebook que me contasen a qué le tenían miedo. De sus respuestas deduje que los seres humanos tenemos miedos compartidos, pertenecientes a cuatro o cinco categorías, algunos muy lógicos y otros bastante absurdos. Por supuesto, casi todos hemos sentido el miedo a lo desconocido, a lo incontrolado. El miedo a la oscuridad es, en realidad, una metáfora: tenemos miedo a lo que no vemos físicamente, pero también a la incertidumbre, que no es más que un tipo de oscuridad.

De este contexto surgió la idea de un personaje que afirmase no tener miedo a nada. Y de hecho, el personaje principal del relato es realmente valiente (Ella no tiene nombre para no personalizar el valor, como homenaje a todas las mujeres valientes). En el relato aparecen la mayoría de las “amenazas” corrientes y Ella las afronta con arrojo: inclemencias climatológicas, enfermedad, animales muertos, lugares oscuros y solitarios, ruidos perturbadores… Hay que recordar que Ella hace una apuesta con su exnovio por la que tiene que pasar una semana en una vieja casona rural, sin electricidad y alejada de las comodidades diarias. Y aquí entra en juego el espacio en el que se desarrolla la historia, que a mí me parecía trascendente para transmitir las sensaciones que yo pretendía.

El lugar donde se desarrolla la historia es una aldea con pocos habitantes, que exceptuando los meses de verano queda casi vacía. La casona es, en realidad, la vivienda de un indiano que a su regreso a España después de hacer fortuna en América se construyó una especie de palacete con su capilla incluida. Me inspiré en un pazo gallego precioso de la provincia de Lugo en el que estuve hace años, conocido como La casa grande de Rosende. La idea de la disposición de los edificios y parte de la capilla está inspirada en ese lugar, que os invito a visitar. Está enclavado próximo a los cañones del Sil, y de ahí también surge la idea del barquero.

Precisamente el hijo de Samuel, el barquero, es un personaje extraño y contradictorio (y, por tanto, temible). Huraño y protector, flaco pero fuerte, duro pero traumatizado por un padre odioso. Su participación en los “hechos” es muy clara a veces… y otras no tanto. 

Y por último, hay que hablar de Él, el exnovio de Ella, un personaje que apenas aparece pero que está presente prácticamente en todo el relato, con quien Ella hace esa apuesta algo pueril. Es un prototipo de personaje protector, que no entiende la fortaleza de su expareja, y que hasta el final siente una necesidad de protegerla cuando (Ella lo dice en alguna ocasión) no está buscando un protector.  


Y el final… ¿qué ocurre al final? Ya hablé sobre los finales de los relatos en otra entrada: El miedo no existe. ¿Qué creéis vosotros y vosotras que pasa? ¡Haced vuestros comentarios!