lunes, 31 de marzo de 2014

¿Y si te llama Planeta?


El pasado miércoles 26 de marzo visitó la Universidad Loyola Andalucía (en la que trabajo) la escritora Luz Gabás. Lo hacía para presentar su segundo libro, Regreso a tu piel, editado por la todopoderosa Planeta. El primer libro de esta escritora aragonesa, Palmeras en la nieve, ha sido un éxito de ventas, hasta el punto de que se está rodando una película, con Mario Casas de protagonista.

La verdad es que la charla con Luz Gabás fue deliciosa. En primer lugar porque es una gran conversadora; en segundo lugar, porque la aragonesa tiene una historia personal curiosa que ayudó a poner un punto de exotismo al encuentro: es alcaldesa del pueblo de Benasque, y hasta que escribió su primera novela no había tenido más contacto con el mundo editorial que el que pueda tener cualquier profesor universitario (es licenciada en Filología inglesa y fue profesora universitaria unos años).

No conozco en profundidad su obra y no puedo juzgarla; tampoco es lo que pretendo con esta entrada. Más bien quiero compartir algunas de las cosas que dijo en la Universidad Loyola Andalucía y que, desde mi punto de vista, tienen el valor de no ser las típicas declaraciones de una escritora consagrada que repite algunos titulares y muchos clichés sobre qué es escribir. 

Luz Gabás habló sobre cómo es para ella el proceso creativo. En su caso, tiene perfectamente claro antes de comenzar toda la estructura narrativa, la idiosincrasia de los personajes, los hitos narrativos: sabe cómo avanzará la acción y cuáles son los momentos clave. Igualmente, dijo algo que yo (y otros muchos escritores antes) suelo repetir y que es difícil de explicar: que escribir duele, que produce una mezcla de placer y dolor. 


Pero lo más interesante desde mi punto de vista fue cuando explicó cómo logró publicar en la editorial Planeta. Os podéis imaginar que para un autor lo más satisfactorio es llegar a cuanta más gente mejor, lograr trascender. Las editoriales más modestas como Talentura (ya sabéis que es la que ha editado Hoy no puedo) son heroicas, por supuesto, pero tienen difícil o casi imposible lograr distribuir a las librerías grandes, y mucho menos dotar de presupuesto publicitario a las obras que editan. La capacidad de llegar a muchas lectoras y lectores es, por tanto, limitada. Luz Gabás explicó que ella hizo algo cuando terminó de escribir que muchos otros escritores hacen: elaborar una lista de editoriales y enviar su manuscrito, empezando por las más potentes y terminando por las modestas. Después de un tiempo largo y muchas negativas, logró que una pequeña editorial de Lérida se quedase con los derechos de su novela, Palmeras en la nieve. Apenas unos días después de firmar el contrato, recibe la llamada de la editora de Temas de Hoy, del grupo Planeta. ¡Es para morirse! Pero esta historia, ya lo sabéis, tiene final feliz: Planeta compra los derechos a esa editorial pequeña (perdón por no citarla, pero no recuerdo el nombre) y la novela de Luz Gabás de convierte en una especie de best seller español. Y, de pronto, la alcaldesa de Benasque se ve envuelta en una vorágine de presentaciones, entrevistas y viajes por España.


Ahora quiero oír vuestras historias. Escritoras y escritores que os pasáis por este blog. ¿Cómo ha sido vuestra experiencia?

lunes, 24 de marzo de 2014

Las pastillas rojas y la personalidad múltiple

Photograph Multiple Personality Disorder by Kaylee Walding on 500px
Multiple Personality Disorder by Kaylee Walding on 500px

Ahora que muchas personas me han dicho que ya han leído Hoy no puedo, me apetece comentar algunos aspectos de los relatos del libro. Al menos creo que es interesante poder compartir aquí con todos vosotros de dónde surgieron algunas ideas y qué intención tenía yo al escribirlo. SI AÚN NO HABÉIS LEIDO ESTE RELATO (Las pastillas rojas del doctor Gacitúa) ES MEJOR QUE NO SIGÁIS LEYENDO ESTA ENTRADA. Si lo habéis leído, os invito a participar con vuestros comentarios.

Las pastillas rojas… es el relato más difícil del libro. Una primera lectura quizá pueda desconcertar y haya que hacer una segunda. A lo mejor, incluso, hay que tener algunas claves para disfrutarlo como se merece. Soy plenamente consciente de que tanto por su temática como por su estructura se sale un poco del tono del resto de los relatos de Hoy no puedo. Sin embargo, yo le tengo un cariño especial por la anécdota que lo originó, como ya os conté en otra entrada hace unos meses. Hoy os la recuerdo y después os ofrezco algunas claves de lectura:

Hace un tiempo mi buen amigo Juan Carlos (socio, te echo de menos) me contó que él y sus hermanos, cuando eran niños, se colaban en la consulta de su padre, un psiquiatra chileno, y le “tomaban prestado” un bote de pastillas de color rojo. Les atraía el color y, sobre todo, su sabor dulce. Chupaban el excipiente azucarado que las envolvía hasta que llegaba la píldora con su sabor amargo. Entonces la escupían (aviso: no repitan este experimento en su casa). Me quedé con esa anécdota y un tiempo después surgió el relato. Excepto el apellido y la profesión del doctor (tiene un apellido bonito, no digáis que no) y el detalle de las pastillas rojas, no hay ni una sola coincidencia con la realidad

En aquella ocasión os decía que no iba a desentrañar nada, pero ahora que mucha gente ya lo ha leído creo que es el momento de hacerlo (SI NO LO HAS TERMINADO, NO SIGAS LEYENDO).

Lo primero que llama la atención es la estructura. El relato tiene tres “actos” que comienzan con un pequeño discurso que se identifica con cada una de las partes de una sesión de hipnosis. Este detalle es importante; más tarde me referiré a él. Lo segundo destacable tiene que ver con el coro de personajes “extraños” que giran en torno al doctor Gacitúa y su consulta: un ama de llaves, un adolescente, una niña pequeña (y violenta) y un misterioso personaje que aparece al final. 

Son interesantes (y muy divertidas en ocasiones) las interpretaciones que algunas lectoras y lectores me ofrecen sobre cuáles son las relaciones reales entre los personajes, pero la realidad es esta… (¡tachán!): el único personaje real es el propio doctor, que sufre un trastorno de identidad disociativo, lo que conocemos comúnmente como “trastorno de personalidad múltiple”. El resto son algunas de sus personalidades. En los casos reales de este trastorno, es frecuente que aparezcan diferentes personalidades de un sexo diferente al de la persona que sufre el trastorno. También es habitual una personalidad muy creativa (el adolescente dibujante), una violenta (la niña)… Y un detalle: todos los personajes comparten una mancha roja en la nuca, que es la que establece una unión simbólica (y física) entre ellos. Como habréis adivinado, la hipnosis ha sido históricamente una técnica utilizada para hacer conscientes las diferentes personalidades ocultas en un paciente con trastorno disociativo.


¿Cuál ha sido vuestra interpretación del relato? ¡Me interesa! ¡Deja un comentario!

lunes, 10 de marzo de 2014

De la cabeza al papel


Son muchas las personas que me preguntan cómo surgen las historias que escribo y, (esto es lo más misterioso para muchos, también para mí, no creáis), cómo se materializan las ideas en un relato. 

No es fácil de explicar, porque la actividad de escribir, por más que tratemos de “serializarla”, de dividirla en fases que expliquen cómo transformarnos la materia prima intangible que son las ideas en una historia concreta, no se puede equiparar a una cadena de producción. No cogemos un tornillo en la fase 1, apretamos una tuerca en la fase 2, ensamblamos las piezas en la 3 y pintamos la carrocería en la 4. Por desgracia (o por suerte) eso no va así. O al menos no siempre.

Sin embargo, me gusta cómo explica el proceso creativo Iria López Teijeiro en su libro Claves para convertirte en escritor… Lo divide en cuatro etapas que se acercan bastante a lo que yo experimento cuando escribo: la preparación, la incubación, el descubrimiento y la puesta en marcha.

La primera etapa, la de preparación, es para mí la más misteriosa. Es el momento en el que ves, oyes, sientes o imaginas algo que enciende una chispa. “Ahí hay una historia”, piensas. Dice Iria López que a veces no sabes qué contar pero sí tienes claro el tipo de historia o la situación en la que se desarrolla. Algo así me pasó a mí en el relato que da título al libro, Hoy no puedo, como expliqué en otra entrada del blog.

La segunda etapa es la incubación. A mí me gusta decir que es el tiempo en el que “rumio” la historia. Iria López dice que se siente como una olla a presión, llena  de información. Y, efectivamente, es algo así. Empiezas a tirar del hilo de la idea que has tenido y entonces todo se complica porque hay que tomar decisiones pronto. Por eso en este momento suelo dejar reposar todo lo que se me va ocurriendo. A mí me va bien hacer deporte, me despeja y me ayuda a clarificarme.

La tercera fase es el descubrimiento. De pronto encuentras lo que estabas buscando, en algún momento se hace la luz y, ya sí, sabes por dónde tirar, qué dirección quieres tomar para llevar tu historia. ¡Ojo!, no quiere decir que todo esté absolutamente claro. La mayoría de las veces vas tomando decisiones sobre la marcha. Pero al menos sabes cómo quieres jugar el partido.

Finalmente, hay que escribir, desarrollar la idea, darle un traje que le siente bien. Cuántas veces la pifiamos en este punto. Hemos tenido una idea estupenda, sabemos que tiene posibilidades pero… no acertamos con su desarrollo. 


¿Y vosotros? ¿Podéis contar vuestra experiencia? ¡Pues dejad vuestros comentarios!

lunes, 3 de marzo de 2014

Laura se reinventa

Lora (Laura) es licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas, pero eso es lo de menos. Lora (Laura) es diseñadora, pero eso tampoco es lo más relevante. Lora (Laura) es Community Manager, aunque manejar el timón de las redes sociales de unas cuantas empresas no tiene mucha trascendencia para lo que quiero contar. Porque lo importante, lo verdaderamente importante, es que Laura Ochoa se está reinventando de forma permanente.

He conocido a Laura con el pelo naranja, rosa, corto, largo, a lo teniente O’Neil… La he visto agobiarse en Salamanca, lanzarse a la jungla madrileña, retirarse frente al mar en las Baleares y, desde hace poco tiempo, liarse la manta a la cabeza y largarse con su chico a Amsterdam. Cada uno de sus cambios ha sido siempre un paso adelante, con fracasos incluidos. 

No es la primera vez que hablo aquí de Laura. Ya os conté que es la persona que diseñó la portada de Hoy no puedo (todavía no he escuchado a nadie decir que no le gusta). Si vuelvo a hablar de ella es porque me parece que es un ejemplo, un ejemplo de valentía, de creatividad y de ganas de no hundirse con esta crisis. Ahora que está tan de moda hablar de emprendimiento, de echarle imaginación para sacar partido a nuestras capacidades en un entorno hostil, Laura (con su marca personal, Lora Demode) ha puesto en marcha tantas buenas ideas con apenas 25 años que a los que tenemos algunos más nos avergüenza nuestro grado de conformidad con las cosas.

Laura tiene un perfil de Facebook con más de 4.000 seguidores, un blog chulísimo sobre moda y tendencias que desde hace unas semanas se atreve a escribir en inglés y, para darle una vuelta de tuerca a todo, para no quedarse solo en publicar fotos bonitas y recomendaciones sobre moda, ahora organiza visitas “diferentes” por Amsterdam: una ruta de tiendas (alternativas, claro) con Laura (Lora).


Me estoy dando prisa en terminar esta entrada porque, quién sabe, a lo mejor cuando le ponga el punto final Laura (Lora Demode) ya ha inventado algo nuevo. Si os apetece saber más de ella, os invito a ver el vídeo de su penúltima reinvención:

Demode with Lora - Shopping Tours from Lora Demode on Vimeo.