lunes, 10 de marzo de 2014

De la cabeza al papel


Son muchas las personas que me preguntan cómo surgen las historias que escribo y, (esto es lo más misterioso para muchos, también para mí, no creáis), cómo se materializan las ideas en un relato. 

No es fácil de explicar, porque la actividad de escribir, por más que tratemos de “serializarla”, de dividirla en fases que expliquen cómo transformarnos la materia prima intangible que son las ideas en una historia concreta, no se puede equiparar a una cadena de producción. No cogemos un tornillo en la fase 1, apretamos una tuerca en la fase 2, ensamblamos las piezas en la 3 y pintamos la carrocería en la 4. Por desgracia (o por suerte) eso no va así. O al menos no siempre.

Sin embargo, me gusta cómo explica el proceso creativo Iria López Teijeiro en su libro Claves para convertirte en escritor… Lo divide en cuatro etapas que se acercan bastante a lo que yo experimento cuando escribo: la preparación, la incubación, el descubrimiento y la puesta en marcha.

La primera etapa, la de preparación, es para mí la más misteriosa. Es el momento en el que ves, oyes, sientes o imaginas algo que enciende una chispa. “Ahí hay una historia”, piensas. Dice Iria López que a veces no sabes qué contar pero sí tienes claro el tipo de historia o la situación en la que se desarrolla. Algo así me pasó a mí en el relato que da título al libro, Hoy no puedo, como expliqué en otra entrada del blog.

La segunda etapa es la incubación. A mí me gusta decir que es el tiempo en el que “rumio” la historia. Iria López dice que se siente como una olla a presión, llena  de información. Y, efectivamente, es algo así. Empiezas a tirar del hilo de la idea que has tenido y entonces todo se complica porque hay que tomar decisiones pronto. Por eso en este momento suelo dejar reposar todo lo que se me va ocurriendo. A mí me va bien hacer deporte, me despeja y me ayuda a clarificarme.

La tercera fase es el descubrimiento. De pronto encuentras lo que estabas buscando, en algún momento se hace la luz y, ya sí, sabes por dónde tirar, qué dirección quieres tomar para llevar tu historia. ¡Ojo!, no quiere decir que todo esté absolutamente claro. La mayoría de las veces vas tomando decisiones sobre la marcha. Pero al menos sabes cómo quieres jugar el partido.

Finalmente, hay que escribir, desarrollar la idea, darle un traje que le siente bien. Cuántas veces la pifiamos en este punto. Hemos tenido una idea estupenda, sabemos que tiene posibilidades pero… no acertamos con su desarrollo. 


¿Y vosotros? ¿Podéis contar vuestra experiencia? ¡Pues dejad vuestros comentarios!

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